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“IXIÓN”, DE HÉCTOR MARTÍNEZ SANZ

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Publicado por FRESQUI.COM

por Lucía Esquivel

Ixion (2015) es la segunda obra de la colección de novela corta que Héctor Martínez inició con El Clan de la Hormiga este pasado verano.

Lanovela toma como centro los episodios míticos del rey de Tesalia Ixión y su descendiente, Pirítoo, en un recorrido homenaje de la mitología como fuente literaria. A la vez, la novela tiene una tesis fundamental expresada diversas veces a lo largo de la obra: el final de la sumisión al reflejo humano que son los dioses. En este sentido, cita el Ixión in heaven de Disraeli como motivo dela obra:

Celestial despot!—said Ixion— I defy the immortal ingenuity of thy cruelty. My memory must be as eternal as thy torture: that will support me.

Se trata de una idea que, por otro lado, también esta expuesta en sus ensayosComentarios a Unamuno (2006), La ciencia como modelo de saber (2012) y el más reciente Lectura de Tagore (2015).

Empieza la novela narrando cómo Ixión es perdonado por los dioses de haber asesinado a su suegro quebrantando las normas de la hospitalidad.Dicho perdón conlleva una invitación al Olimpo a comer ambrosía y beber néctar que lo vuelven inmortal. Ixión, que no puede dejar de ser como es, reprende a todos los dioses y coquetea con Hera, que se deja hacer. Después presume de haber cantando las cuarenta a los dioses en su mesa y de yacer con la mismísima Hera. No sabrá, sin embargo, que está siendo víctima de un plan urdido en el Olimpo para castigarlo en el inframundo y del cual obtendrá una descendencia monstruosa y vergonzosa: los centauros.

Tras la historia de Ixión, se nos narra la historia de Pirítoo, hijo heredero de aquél. Iniciamos con su boda con Hipodamia y la invitación al banquete de sus hermanastros los centauros. La borrachera de éstos con el vino les arrastra al secuestro y violación de las mujeres presentes en los festejos, incluida la desposada de Pirítoo, lo que provocará la guerra entre hombres y centauros, implicados muchos de los héroes legendarios griegos, y entre ellos, Teseo, buen amigo de Pirítoo. La batalla les lleva a fortalecer sus lazos y a dudar de los dioses (por cuyas oscuras estratagemas los centauros surgieron). La muerte de las esposas, no sólo de Pirítoo, sino de Teseo, Orfeo y Heracles, será un hecho decisivo para la resolución de la historia.

No es la primera vez que Héctor Martínez recurre a las fuentes míticas. Ya enHumanografía. Relatos desde el lienzo (Ediuns, 2014) uno de los cuentos reproduce de particular forma el mito de Aracne representado por Velázquez, o en Harass: The God’sJob acudía el madrileño al mito de Job.
Tampoco es una coincidencia la elección de Ixión, si percibimos que también Aracne y Job son rebeldes a la fidelidad divina, aunque por diferentes razones.

No dice Héctor Martínez que los hombres sean mejores que los dioses oque éstos los empobrezcan material o anímicamente. El hombre en su narrativa sigue siendo hombre, movido por el orgullo y la vanidad (Aracne), por el miedo (Job) o por la desmesura (Ixión y Pirítoo). Pero estos defectos son, al mismo tiempo, el empuje que lleva a los personajes a enfrentarse a los dioses, es decir, a sí mismos. La lucha contra los dioses es una lucha ciega del hombre contra el hombre mismo. Por ello acaban irremisiblemente condenados a sufrir,mitológicamente en el inframundo.

Larecreación del mito en Ixión no es literal. Héctor Martínez desenvuelve el relato buceando en las versiones clásicas y aportando variaciones de cosecha propia. Por ejemplo, Hera, la esposa de Zeus,se insinúa a Ixión para encelar a su esposo, o la batalla contra los centauros no acontece en la misma boda de Pirítoo. Las variaciones, sin embargo, no pervierten el mito de origen,funcionando como versión añadida a las ya existentes.

Además de la narración principal, el linaje de Ixión sirve como recuerdo de otros muchos episodios de la mitología griega: Éride sembrando discordia, el juicio de Paris, la Centauromaquia, la guerra de Troya, los trabajos de Heracles, la historia de Teseo, los argonautas, el mito de Orfeo, el rapto de Perséfone, el primer rapto de Helena, la historia de los dioscuros, y las rivalidades de los dioses, entre otros.

Hemos de recordar que el autor ya presentó de forma profusa el infierno a semejanza de La Divina Comedia de Dante en la novela Mihai y Veronica, y que el personaje demoníaco también asumía relevancia en Misión 109 (en una perspectiva más contemporánea) y, obviamente, en Harass: The God’s Job. De ello se deduce cierta obsesión con el tema del mal, el infierno y la tentación, subrayándose el personaje demoníaco, ya en forma de Hades o de Satán (y sus múltiples nombres). Se trata de dimensiones eminentemente humanas.

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LA PORTADA DE IXIÓN, UNA OBRA DEL BARROCO TARDÍO

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Después de valorar distintas opciones, la imagen elegida para la portada de Ixión fue, como no podía ser de otro modo, una pintura que versaba sobre el mismo mito. Fechada en 1663 y titulada La tortura de Ixión es obra del genovés Giovanni Battista Langetti (1635-1676). Se trata de un óleo sobre lienzo y se encuentra en el Museo de Ponce, en Puerto Rico.

Pertenece al barroco tardío, dentro del tenebrismo. Para la portada, se ha invertido el ángulo de la imagen.

Los tenebristas llegaron de fuera de Venecia para poner en crisis el lenguaje local. El movimiento, que nunca llegó a ser escuela, tiene un “príncipe” en la figura de Giambattista Langetti, que llega en 1655 a Venecia propagando los principios caravagescos, ya presentes en la ciudad en la obra de Ribera, que nunca la pisó pero estaba presente en las colecciones de la ciudad y en versiones de sus obras más apreciadas. Es muy probable que il tenebrosi fueran deudores de imágenes de seguidores de Rembrandt por la presencia de esos tan característicos personajes humildes, como muestran muchas de sus obras, y sus famosos rostros, que apreciamos en la obra de Pietro Bellotti. Otro de los aspectos fundamentales es la atmósfera oscura de la obra del florentino Sebastiano Mazzoni, que llamaron rápidamente la atención de los tenebristas.

Todos los elementos anteriormente mencionados confluyen en la obra de Langetti, cuyas pinturas fueron rápidamente apreciadas por comitentes y artistas de prestigio. En 1663, tras ocho años en Venecia, pinta para el embajador imperial en la ciudad el asunto de Vulcano y los Celos, un homenaje en clave dramática al dios tutelar de los tenebrosos: Tintoretto (en concreto a su obra Marte y Vulcano de la Alte Pinakothek).

Los lienzos de Langetti tratan temas ligados a la muerte, la violencia o el sacrificio, un estilo dramático del honor que muestra el hombre como súbdito de Dios, una espiritualidad basada en la penitencia y el perdón de los pecados fruto de las guerras, epidemias y carestías sufridas por los venecianos.

En su Ixión del Museo Ponce de Puerto Rico, aparece su rúbrica, una de las escasas ocasiones en las que firma su obra. Es un lienzo monumental, por lo que hace pensar en un comitente importante. La composición está dominada por una figura monumental en una atmósfera oscura y dramática, con un viento que sopla con fuerza haciendo revolotear la capa, de un intenso colorido azul, y el fuego. Ixión aparece ante nosotros en escorzo. Como curiosidad, en el fondo aparece la barca de Caronte que transporta al resto de condenados. Los temas elegidos por Langetti son seleccionados para la varietas que muestra su talento y habilidad en la representación del cuerpo humano.

IXIÓN, CUANDO HÉCTOR MARTÍNEZ RENOVÓ EL MITO

Publicado por Globedia

por Miguel Izquerdo

El escritor español Héctor Martínez Sanz publica la novela Ixión, dentro de la colección Novela Corta iniciada este 2015. Es la segunda en dicha colección después de El Clan de la Hormiga.

En Ixión el lector encontrará el relato mitológico del rey Ixión, asesino de su suegro, luego perdonado por Zeus, quien terminará castigándolo al infierno por intentar seducir a Hera. De inmediato el relato se enlaza con la historia de su hijo Pirítoo, heredero del trono de Tesalia, su boda con Hipodamia, la guerra contra los centauros y su loco intento de raptar a Perséfone junto a Teseo, por lo que terminará como su padre Ixión, atado a la tortura sin fin del Hades.

Sobre una historia conocida, teje el autor una obra que deja ver dos intenciones claras: por un lado, un recorrido por la mitología griega, pues la historia está repleta de concomitancias con otros mitos; por otro lado, la lucha emancipadora del hombre frente a las esferas divinas.

Héctor Martínez escoge a Ixión igual que escogió en su momento a Aracne para el cuentoLa Hilandera en Humanografía. Relatos desde el lienzo (Ediuns, 2014). Podría decirse que este cuento, écfrasis del cuadro de Velázquez, es un ensayo de lo que el lector se encuentra en Ixión. En ambos se rompe la cronología de la historia, se descolocan las escenas y con ello se crean el suspense y la intriga como novedad en la presentación del mito.

La narración es trepidante en sus batallas y enfrentamientos de poder, y juega bien con el suspense, a pesar de ser conocido lo que sucede en el mito.

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LOS MOTIVOS DE IXIÓN O POR QUÉ ESCRIBÍ ESTA NOVELA

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Publicado en HighStarMadrid

por Héctor Martínez Sanz

No voy a responder aquí a la manida pregunta-trampa sobre por qué escribo. Está respondida en otros sitios, y tampoco es relevante. Aquí contaré asuntos sobre la novela Ixión, porque creo que hay algún punto que depurar sobre su origen o sobre su existencia.

Escribo estas líneas con la certeza de que son del todo innecesarias. Y tengo esa certeza porque yo mismo opino que son innecesarias. Aun así, las escribo. Son líneas innecesarias para el lector, quien no precisa de que las escriba para explicar el porqué de la novela Ixión (es esto sobre lo que se va a tratar en lo que sigue). Pero son necesarias para mí, pues creo importante dar alguna nota, alguna pista o indicio que oriente por dónde se mueven las páginas que voy dando a luz y no nos quedemos rascando penosamente en la superficie.

El lector, cualquiera que éste sea, es inteligente o ha de serlo. Yo lo supongo así. Por esta razón el lector no necesita que yo, el autor, surja de entre la niebla para disipársela. Lo presupongo capaz de pelear bajo su espesura sin que yo le deshaga de ella. Incluso, a veces creo que mi irrupción no precisamente va a clarificar las cosas al lector, y podría perfectamente ignorar cuanto yo tenga que decir.

Se podría llegar a pensar que la novela Ixión abandona una senda. No sé por qué habría de ser así, y no haberlo considerado ya desde El Clan de la Hormiga, por ejemplo, o incluso en obras anteriores. Sobre todo cuando la supuesta senda es tan difusa y en ocasiones parece adentrarse por frondosidades y selvas sin saberse bien por dónde haya de continuar. No obstante, tal cambio de senda sólo es cierto relativamente, porque el mito ya surgía en textos míos anteriores con las mismas funciones, y algunas de sus consecuencias se encuentran en obras previas.

Volver al mito no es volverse en el tiempo hacia viejas narraciones de mundos acabados y pueblos desparecidos. Volver al mito es regresar a la narración que no hemos parado de contarnos desde la primera vez que lo hicimos, sin dejar de escucharlo como algo nuevo. El mito no es un cuento o una falsedad o una mentira. El mito no son las novelas que escribían los antiguos griegos. El mito es del hombre y es el hombre; el mito es el reflejo de lo que siempre hemos hecho: la misma historia con distintos individuos en distintos lugares y tiempos. Volver al mito es volver a nosotros mismos. Nuestra propia Historia (con mayúscula) es mito, como expliqué suficientemente a partir de Mircea Eliade en Pentágono o en varios artículos a colación de la novela El colapso del tiempo de Mauro Barea.

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